VIII
No bastaron austeridades ni rigores,
no bastó dividir
en labor humilde y voluntaria
mi conciencia.
Qué materia oponer
a esta devoción sin límite ni nombre.
Privilegio del débil, la locura.
Y yo, elegida para amor y sumisión
maldigo el signo que me habita.
Calcíname por siempre,
mala fiebre,
acábame,
destruye la lucidez de este delirio.
(Elsa Cross)
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